Un día te levantas, y de momento te das cuenta que sorprendentemente, todo va bien. No tienes preocupaciones, tus problemas han muerto en un fatal accidente, chocaron de frente con tu madurez. Sonríes y respiras. Todo está tranquilo, parece que por fin puedes ser feliz, no tienes nada por lo que comerte la cabeza, ni una lágrima por derramar, ningún chillido por dar. Y entonces, se te hace un nudo en la estómago, gritas, lloras y te hundes, porque te das cuenta de que si no tienes problemas, no tienes nada en que pensar, nada por qué luchar, no tienes vida, te das cuenta de que si todo va bien, es porque estás muerto.
